El fin de la comedia

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Día 199: Reír y no llorar. O sí. 

El otro día hablaba con un ex alumno que me preguntaba si creía que la comedia podría desaparecer tal y como la concebimos ahora debido a los cambios de estos últimos meses.

Creo que es una duda que todos podemos tener en un momento puntual, porque creo que no sabemos evitar caer en el individualismo y no somos capaces, normalmente, de mirar las cosas desde una perspectiva mayor.

Le dije que si la segunda guerra mundial no acabó con el teatro, esto que nos está pasando no acabará con la comedia, la transformará unos meses, pero todo volverá. Porque para mí la comedia se siente mejor en directo. No conozco ningún cómico o cómica que haga stand up y que haya visto en directo y me haya reído menos que por la televisión, el directo es la forma esencial del monologuista.

Si damos un paso atrás y nos olvidamos por un momento de llegar a fin de mes sin casi bolos y sin casi público que venga a vernos y nos damos cuenta de que en realidad a principios de marzo todo estaba bien, nos daremos cuenta de que si vamos a tener una carrera de unos cuarenta años, apenas uno (que no llegará) es algo simplemente anecdótico visto desde esa perspectiva.

Pero da miedo, no solo por lo que no tenemos ahora, sino por lo que no sabemos si llegará, y empezamos a imaginar un mundo sin la comedia como la conocíamos y empezamos a pensar en nuevas formas de expresarnos, de crecer, de alcanzar a nuestro público, aunque algunos solo estén buscando la manera de llegar a fin de mes.

Y creo que todo esto es bueno, aunque a veces duela, y de ansiedad, porque nos mueve, nos hace salir de la zona de confort y nos enfrenta a la cruda realidad de que no hay nada seguro en la vida, y hacer planes a largo plazo no siempre es una garantía de seguridad.

Un amigo me dijo el otro día que hay cosas que se destruyen muy fácilmente pero en cambio cuesta mucho construir. Y que la idea de perderlo todo y tener que volver a empezar y reinventarse no siempre va acompañada de ilusión, sino más bien de depresión, cansancio y resignación. Ahí están los verdaderos héroes, no solo los que se levantan por superviviencia, sino los que lo hacen no solo para sobrevivir, sino para pretender tener cada día una vida mejor, ilusionados por lo que venga y no temerosos. Mucho se dice de que lo importante no es caerte, sino levantarse, pero en cómo nos levantamos definimos quienes somos. Si lo hacemos de forma creativa que sume, si lo hago quitándole el pan a alguien, si copio ideas, discursos y métodos de otros, o bien, si lo hago como una expresión de amor haciendo lo que sé hacer y no mirando sólo mi bolsillo.

Todo volverá a la normalidad, pero si tú vuelves igual que estabas antes, lo siento, algo has hecho mal todos estos meses.

Gabriel Córdoba.

El motor

Día 198: El loco.

Ayer me tomé un té con una “vieja” amiga. Una de esas personas con las que no hablas todo el tiempo pero que cuando os veis parece que no ha pasado ni una semana desde la última vez. Y en diez minutos te pones al día y sonríes como sino hubieran pasado años.

Y en esa tranquilidad que te da el sentirte en casa hablas, y hablas y te relajas y de golpe sueltas cosas que no pensabas decir, y te abres como sino existiera ningún tipo de filtro. Y escuchas y te cuenta y llegáis a un punto en común. Y todo es más claro.

Y entonces surgió una idea que ya llevaba años rumiando; la del verdadero motor.

Recuerdo que cuando la academia en la que estuve trabajando durante siete años cerró de golpe y nos echaron a todos a la calle de muy malas formas, con muchos pagos pendientes y en una crispación fuera de lo normal, sentí mucho miedo. Y me refugié en la casa de un cómico una noche y se lo conté todo. Y aunque sus consejos no fueron muy acertados y decidí no seguirlos, sí que me permitió soltarme y decirle: creo que toda mi vida he hecho las cosas que he hecho por las razones equivocadas.

Lo que quería decir es que las ganas de subirme a un escenario, mi pasión por dar clase o por escribir eran maravillosas, pero estaba todo el tiempo esperando un reconocimiento y una aprobación que no llegarían. Una vida soñada que en el fondo estaba deformada por unos sueños idílicos que poco tienen que ver con la vida real.

Que muchas veces escribía buscando venganza, paz, amor y sin importarme mucho lo que eso le daba al que escuchaba. Lo hacía por mí, nunca lo concebí como un intercambio con el público.

En aquella época casi me rompí. Pero aguanté y sobreviví muy dignamente. Todo fue a mejor y casi rozo la idealidad en todos los aspectos de mi vida. Pero el invierno llega aunque no quieras.

En 2019 empezó mi personal via crucis que culminó este pasado noviembre en la mayor crisis de identidad de mi vida. Y justo ahora que empiezo a recoger mis pedazos, llega mi amiga, y me recuerda que el motor equivocado te lleva a un vida vacía, pero no de cosas, o de personas o de trabajo, sino vacía de ti. Sin sentido. Sin la motivación necesaria. Porque cuando tus motivaciones son tus obligaciones, mal vamos. Si estás conjugando tu vida en “tengo que” en lugar de “quiero” es hora de replantearse el motor.

¿Por qué me levanto por la mañana? ¿Por qué hago lo que hago?

Y por segunda vez en mi vida me planteo, a los 42, qué quiero ser de mayor. Y no lo sé, aunque algo intuyo.

Un nuevo paradigma, un lienzo en blanco que ahora no quiero pintar. Al menos hasta que el motor sea más claro. Una especie de limbo enmarcado en la carta de “El loco” del tarot, que acaba un ciclo muy doloroso y se enfrenta a un millón de oportunidades que dan miedo, pero que están ahí. Y eso es vida, es futuro, es esperanza, es la promesa de un mundo mejor.

Me convenzo a mí mismo de que lo mejor está siempre por llegar. Y sonrío mientras me atacan malos pensamientos en mi meditación para lanzarle el mensaje a mi cerebro de que todo está bien. Porque lo está.

Gabriel Córdoba

Stand Up Academy Barcelona

Mujeres que admiro: Agatha Christie

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Día 197: Agatha

Mucha de la autoexigencia que tengo y la adicción al trabajo tiene que ver con los iconos con los que me he criado y yo me pasé mi adolescencia leyendo libros de Julio Verne y Agatha Christie (entre ellos “Diez negritos” que es único libro de mi vida que me he leído tres veces, y habrá una cuarta y quinta seguro)

Leer a Christie me recuerda a los veranos sin preocupaciones y tumbarme en la cama después de comer con una novela a mis quince o dieciséis años. Nunca tuve muchos amigos, así que los misterios y los asesinatos de la reina del suspense fueron mis aliados durante horas y horas.

La famosa escritora no solo fue una digna descendiente de Arthur Conan Doyle (creador de Sherlock Holmes) sino que en cuestión de ventas y popularidad superó a éste con creces. Prolífica pero no esclava del trabajo, se pasó gran parte de su vida viajando, amando y haciendo cosas que no correspondían ni a su género ni a su edad en una sociedad muy machista.

Se casó dos veces pero nunca dependió de sus maridos. Tuvo una hija y escribió muchos, muchos libros. Novelas, obras de teatro, autobiografías y alguna novela romántica con pseudónimo. Incluso protagonizó su propia historia de misterio despareciendo durante varios días y apareció en todos los periódicos. Fue encontrada en un balneario en el que se hospedaba con el nombre de la amante de su marido.

Una mujer autosuficiente, liberal y con la imaginación inagotable, escribía en cualquier sitio sin tener un despacho fijo (escribía en barcos, trenes, hoteles o la mesa de la cocina) y no le costaba demasiado tiempo terminar un libro.

Se han adaptado al cine muchos de sus libros (“Asesinato en el Orient Express”, “Maldad bajo el sol”, “Muerte en el Nilo”, etc…), y “La ratonera” (una de sus obras de teatro) ha batido records de representaciones en Londres.

Cuando estoy cansado o aburrido, ella me recuerda que aún puedo trabajar algo más, que no es incompatible con vivir, disfrutar y amar. Que la vida inspira a la ficción y que para crear, tienes que salir, conocer, enamorarte, equivocarte, sufrir y reír. Que el manantial de la eterna inspiración está en uno mismo y nuestro entorno, y si además nos atrevemos a salir de la zona de confort, mucho mejor.

A mis 41 años no recuerdo ni un solo momento en el que no tuviera nada que hacer, un proyecto nuevo o una ilusión en el horizonte, y eso se lo debo a los libros que me hacían soñar, suspirar e imaginar un mundo mejor. Eso se lo debo, en gran parte, a Agatha Christie.

Larga vida a la reina.

Gabriel Córdoba

 

Hogar incompleto

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Día 196: Quiero plantar violetas.

Ya he empezado las reformas. Aunque había pintado algunas paredes y había comprado casi todos los muebles, no se podía decir que mi casa fuera un hogar. Así que hace unas semanas, por fin, he tirado dos paredes; eso le da mucho más espacio a la sala de estar. Después de arreglar el suelo de madera que se había quedado muy mal después del derribo de los tabiques, por fin hay espacio para el aire acondicionado (adiós ventilador) y por fin he podido poner cortinas.

En apenas unos días mi casa ya no es la que era y se parece un poco más a lo que siempre había soñado de ella.

Aún me queda cambiar todos los muebles de la cocina, tirar un par más de tabiques, abrir así casi todo el espacio en uno único, nuevos electrodomésticos con la nevera SMEG roja, por supuesto, un nuevo baño (con mi soñada bañera de patas antigua) y tal vez quitar todo el pladur del techo para que se vea la bóveda catalana que he descubierto que tengo y cambiar todo el suelo para que sea de madera gris (y no el azulejo feo que por ahora me hace daño a la vista).

Quiero, incluso, plantar violetas en el balcón pequeño. En el grande pondré una mesa con dos sillas para desayunar en verano, aunque siempre desayune solo.

Con todo esto, una nueva tele, bonitos cojines, una mesita, un espejo grande para verme antes de salir de casa y algunos cuadros creo que entonces mi casa será realmente bonita. Llevo soñando toda la vida con esto, con tener mi propio sitio en el mundo, pequeño, funcional y que sea un refugio para mí de mis dolores y mis cansancios, físicos, pero sobre todo mentales.

Estoy seguro de que será francamente bonito y cómodo mi nuevo piso.

Estoy seguro, también, de que por ahora no será un hogar.

Al menos no sin ti.

Gabriel Córdoba.

Empezar a vivir

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Día 195. Algunos de los alumnos en la gala de fin de curso 2020.

Para prepararme este discurso me he leído los de los últimos años, y me he dado cuenta de que casi todos tienen una cosa en común. El del año pasado empezaba con “ha sido el año más complicado para mí” y era porque rompí con mi novio de 6 años, el del año anterior “ha sido el curso más difícil que he dado nunca” porque batí records de alumnos y estrené tres espectáculos seguidos en tres teatros diferentes y tuve que compaginarlo todo, el anterior “nunca me había costado tanto dar clase” porque publiqué un libro y bla bla bla… y este año, que si que lo tengo fácil para quejarme por el maldito covid, mirad, me niego. Voy a dar las gracias:

Gracias al público que ha venido esta noche porque con vuestra presencia esta gente maravillosa del transforma nos seguirá dejando espacio para hacer nuestras cosas, si consumís en la barra ya sería la ostia. Id al teatro en cuanto se pueda, id al cine. Para vosotros, esos 10 euros igual no os suponen nada, para los artistas es un mundo.

Gracias a Transforma por dejarnos venir aquí contra todo pronóstico y darnos siempre libertad absoluta, eso sí que es amor al arte.

Gracias a los alumnos, podría haber sido un curso de mierda, y gracias a vosotros no ha sido tan malo. Gracias a los que estáis por el apoyo y a los que faltan también porque de todo se aprende.

Mis alumnos han estado activos durante el confinamiento y casi todos han generado material nuevo, y aunque parezca una obviedad haberlo hecho, no es tan fácil, porque somos seres humanos y no siempre estamos para bromas.

Porque supongamos, queridos alumnos, que desde que llega el estado de alarma hasta que acaba metemos la cabeza en la arena como las avestruces y solo la sacamos cuando volvamos a estar tranquilos. Entonces vuelvo a escribir, después de que todo haya pasado, de las mismas cosas de las que escribía antes de la cuarentena y lo peor, desde el mismo sitio desde dónde lo escribía porque sigo siendo la misma persona que antes. Pues muy bien. Pues todo esto no habrá servido de nada. Una oportunidad perdida.

Hay una cosa que hay que ver, y es que todo lo que no escribas en estos momentos por falta de motivación se perderá para siempre. Porque, espero, no volveremos a estar en esta situación otra vez, y si lo estamos la afrontaremos desde la experiencia y ya no será lo mismo. Todo lo que no compongamos, escribamos, cantemos, pintemos y cualquier expresión artística que no manifestemos desde este estado de ánimo, desde esta nueva realidad que lo tinta todo de incertidumbre, miedo, esperanza, ilusión, ánimo e incluso alegría, se perderá. El mundo no podrá disfrutarlo jamás. Nuestro legado como artista estará huérfano de estos momentos históricos que no deberían pasarnos desapercibidos.

Así que, queridos alumnos, cuando el sol salga el día de mañana y volvamos a salir de fiesta, y a recuperar muchas de las cosas que hemos perdido, esas pequeñas conquistas que vendrán de forma paulatina y que nos irán calmando el alma, no olvidéis que es una oportunidad de mostrar al mundo lo que has aprendido, lo que has escrito, lo que has experimentado. No dejes de enseñarle al mundo que hiciste los deberes y que al menos, todo esto sirvió de algo.

Porque no podemos olvidar, que incluso tal y como estamos, estamos vivos.

Creo que ya es hora de dejar de sobrevivir, y empezar a vivir de verdad.

Muchas gracias y buenas noches.

Gabriel Córdoba

Stand Up Academy Barcelona

 

Renacimiento

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Día 194: Vuelve el trabajo. Vuelven las risas.

En esta vida hay que morir al menos una vez para poder renacer y darle sentido y dirección a todo. Ayer os contaba en este mismo blog que a mí, de alguna forma, me pasó cuando me vine a vivir a Barcelona hace 15 años. Y ahora creo que con los acontecimientos de los últimos meses, todos tenemos que resucitar de alguna forma.

Personalmente me siento mucho más centrado de lo que estaba en el mes de marzo, en lo laboral y en lo personal. Más consciente del ahora y de disfrutar cada clase, cada chiste, cada escritura.

Y poco a poco, el renacimiento laboral está llegando también. Las salas vuelven a abrir, las propuestas tímidamente empiezan a sonar y todos intentamos recuperarnos del tsunami artístico que hemos sufrido. Concretamente para mí, se cancelaron los estrenos de “Joyas Prestadas” en Almazen (una obra de cuentos de autores famosos narrados por mí) y de “Monólogos and Vermut” en la Sala On (un show de stand up que mezcla alumnos y exalumnos al mediodía de los domingos). También tuve que retrasar un curso trimestral y un intensivo de fin de semana.

Y aquí están, los nuevos shows, los nuevos cursos, las nuevas galas.

El próximo domingo 21 por fin se estrena “Monólogos and Vermut” en Sala On a las 13:00. Puedes reservar tus entradas AQUI. Esta semana estarán Charlie Pee y Borja Nicolau acompañando a mis alumnos.

El día 26 cerramos nuestro curso anual más accidentado a las 21:00 en Transforma Barcelona. Una gala con algunos de mis alumnos del curso anual con entrada gratuita pero con reserva previa en info@transformabcn.com

Al día siguiente, el 27 de junio, celebramos nuestras galas de bautizos con los alumnos del curso trimestral también en Transforma, con dos galas, a las 18:00 y a las 21:00. Reserva tu entrada en atrápalo en este enlace. AQUI.

Y el 6 de julio vuelve el habitual curso de verano. Todos los días de lunes a jueves, dos horas de clase intensiva durante un mes. Todo lo que necesitas para desarrollar tu propio monólogo de Stand Up. Mira la info de los cursos y mi academia AQUI.

Y la vida sigue, y la vida vuelve, y todo vuelve a ser lo mismo, pero ya no es igual, porque nadie es igual ya. Y yo no sé tú. Pero yo voy a salir todo lo que pueda y a reírme como nunca. ¿Te vienes?

Gabriel Córdoba.

Stand Up Academy Barcelona.

15 años en Barcelona

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Día 193: Mi primera firma en Sant Jordi en Passeig de Gracia en 2016.

Faltan unas horas para el 15 de junio de 2020. Y justo este día se cumplen 15 años desde que llegué a Barcelona.

Dos años antes de venir, en el 2003 yo había ganado un concurso de monólogos en mi pueblo, un cómico y un supuesto representante que estaban en el jurado me vieron y empezaron a darme oportunidades. Uno a cambio de mucho dinero (pedía por mí cifras astronómicas falseando mi curriculum y luego me daba cuatro duros) y el otro, entre otras cosas, a cambio de una oportunidad de acostarse conmigo. Nunca lo consiguió.

El representate/programador me preguntó que cuanto material tenía, si podría hacer una hora, le dije que ni de coña, yo no tenía ni idea de stand up y lo que habían visto en ese bar eran textos teatrales, que yo había escrito, adaptados para hacerse en bares. Así que me soltó que sino tenía una hora de texto en tres meses no podría darme trabajo. En mi pueblo por supuesto que no había open mics (tampoco en ningún sitio de España), ni academias de comedia (tampoco en ningún sitio de España) y tuve que generar mi material de forma completamente autodidacta y en tiempo record. No eran buenos textos, pero yo los defendía como si lo fueran, y funcionaba. La gente reía y las oportunidades empezaron a llegar hasta que un día me ofrecieron hacer un musical en Barcelona. Yo había venido a hacer un par de bolos y me había enamorado de la ciudad, de su gente, de su ambiente gay y ni me lo pensé (mucho más sano y abierto que el de Murcia). Siempre he dicho que si me hubieran ofrecido hacer de piedra en una función de final de curso de un colegio y que me pagaban con cacahuetes hubiera venido igual.

Porque fue una huida hacia delante. Porque sin ser muy consciente yo tenía la necesidad de salir del pueblo por supervivencia. Nadie de mi familia me paró, solo lo intentaron retrasar, imagino, que como método por si se me pasaba la tontería. Pero me fui. Me vine.

Estuve dos semanas en casa de un productor donde vivía un amigo cómico mientras buscaba piso. Lo encontré, le di el dinero para la reserva del piso a mi amigo cómico, éste se lo gastó de fiesta y no me reservó el piso. Casi lo pierdo, y el piso también.

No tenía suficientes bolos para pagar el alquiler porque estaba empezando, así que me busqué un trabajo de teleoperador para poder pagarme el palacio de 20 metros cuadrados que era como un habitación de hotel en la calle Martí, en el barrio de gracia. Como es la vida, que ahora mi academia está justo debajo de mi primer piso y lo veo cada día al ir a trabajar.

Yo tenía 26 años y me dije, sino consigo vivir de la comedia y del teatro en cuatro años, a los 30 me vuelvo al pueblo. A los cerca de 28 ya lo había conseguido.

Recuerdo esos años como los más felices de mi vida, sin dinero, sin amigos de verdad, pero con una gran vida social, mucho sexo y mucho drama. Para mí esta ciudad era como un parque de atracciones que no se acababa nunca. Llena de gente interesante en el mejor barrio del mundo (de hecho he vivido en gracia 14 de los 15 años que llevo en Cataluña) Tanta emoción no me permitía ver lo precario de mi situación y la opción de volver a casa y suicidarse eran una redundancia. Así que mi adrenalina latía al mismo ritmo que el pulso de la ciudad.

Mi relación con Barcelona está siendo la más duradera de mi vida. La más bonita y creo que la definitiva. Porque la ciudad condal ha visto lo peor de mí, mis mejores shows, mis alegrías más intensas. Ha presenciado mis pasiones, mi primer y único amor que llegó a los 34, los momentos más duros, mis ganas de vivir, mis ganas de morirme y mi ansiedad. He llorado tanto en los últimos 15 años que podríamos llenar las piscinas de Montjuic, he querido tanto y he sido tan feliz como para dar luz a todos los árboles del Parc Güel, he trabajo tanto como para haber pagado con mis impuestos la luz de todas las farolas de la Diagonal y me he perdido tanto en mis errores como para no salir nunca del laberinto de Horta.

Me sigo sintiendo cómplice de esta ciudad como si fuera mi mejor amiga. Porque jamás se me ha puesto un problema por venir de fuera. Porque nadie me puso condiciones para trabajar en el idioma que quisiera. Porque me dieron oportunidades y creyeron en mi talento mil veces más que en mi tierra. Porque se me ha permitido equivocarme. Porque he conocido a las mejores personas que alguien puede conocer y me sentí como en casa desde el primer día. Porque siempre me han hecho sentir que esta era también mi casa.

Perquè t’estimo de tot cor, Barcelona. I espero que la vida em segueixi donant l’oportunitat d’anar retornant en forma de rialles, teatre i classes tot el que em regales. Perquè m’has donat el més valuós que pot tenir l’ésser humà; la veritable llibertat.

Gabriel Córdoba.

10. Keter

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Día 192: Keter

Y hemos llegado a una vida tranquila. Pero no en el sentido que todos pensamos cuando decimos la palabra “tranquila”. No hablo de estar en un sofá viendo netflix (que también si esa es tu idea de la felicidad), yo hablo de una sensación de paz en toda situación. Poder controlar y no sufrir innecesariamente en conflictos, viajes, épocas de mucho trabajo, rupturas y despidos.

Porque puedes viajar por todo el mundo, trabajar en una empresa que no termine de gustarte diez horas al día, tener muchos hijos y casi ni tiempo para ti, sentir tristeza de vez en cuando y a la misma vez, estar tranquilo y feliz.

Si ya no somos tan jóvenes como para seguir pensando que la estabilidad viene de fuera porque este mundo está loco, toca trabajar y practicar la estabilidad interior. Darle sentido a todo empieza por darte sentido a ti. Y en estas semanas estoy seguro de que ya te has acercado mucho a ese concepto. La permanencia de lo impermanente.

Hay que ser muy valiente para mirar atrás y pensar que todo valió la pena, incluso aunque nos arrepintamos de cosas, al menos las hemos vivido y estamos aquí.

Y en Keter, la cima del árbol de la vida, entendemos el propósito de la vida, que no es otro que ser feliz. Y eso no nos lo enseñaron en la escuela, ni en la universidad, ni muchos de nuestros padres, ni la televisión, ni internet.

Eso lo hemos aprendido a base de experimentar, equivocarnos y crecer. Y ahora que hemos acabado el viaje iniciático y comienza el camino de la consciencia y la estabilidad, que hemos pasado por los nueve niveles y por muchas emociones, tenemos que predicar con el ejemplo.

Medita, haz yoga, dibuja mandalas, busca un buen terapeuta, date momentos en el día para pensar en ti, para perdonarte, para decirte que te quieres, para mirar al espejo y darte las gracias por existir, quererte no solamente es verte guapo o guapa cuando te arreglas, sino aceptarte y, si puedes, reírte de lo que no te gusta de ti fisicamente. Aceptar que no somos perfectos por dentro y cambiar todo aquello que nos aleja de la persona que soñamos ser (nada de ir por el mundo diciendo “yo soy así, es lo que hay”, no, no hagas eso, hay que mejorar y cambiar)

Y si estás soltero o soltera y buscas pareja, mientras llega, haz una lista de las cualidades que te gustaría que esa pareja tuviera y conviértete en ella. Sé la persona que te gustaría tener al lado y sino aparece nunca, al menos te habrás convertido en alguien maravilloso, seguro.

Y si tienes problemas en el trabajo, aisla tu mente de conflictos y conviértete en la persona con la que a todo el mundo le gustaría trabajar, pronto vendrá gente que lo valore en tu lugar o en otro.

Y si te sientes solo, recuerda que fuera hay un mundo lleno de gente que busca a un amigo como tú, pero sobre todo, ten en cuenta, que dentro de ti no hay un mundo, sino un universo entero de posibilidades de ser feliz y de no estar solo nunca aunque no tengas compañía.

Y que cualquier lucha contigo o con los demás debe venir siempre desde el amor. El odio, la venganza, el resentimiento y la envidia nunca trajeron nada bueno.

Solo el amor sirve.

Gracias de corazón por llegar hasta aquí. Te deseo lo mejor.

Gabriel Córdoba.

 

9. Jojmá

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Día 191: Jojmá.

Ya queda muy poco, ya hemos aprendido mucho, hemos cambiado mucho. Nos sentimos sabios. Estamos en el umbral del final, estamos en Jojmá.

Ahora somos capaces de verbalizar lo aprendido, de comunicar lo que sentimos, lo que queremos, el lenguaje de las emociones ya no es un misterio. Ya no sufro sin saber porqué. Soy real, soy fuego en lo que me gusta. Ha vuelto la pasión y el sentido de todo. Una nueva oportunidad de vivir de forma más consciente se me ha presentado delante de mí y después de estos meses, de golpe, ya no somos tan jóvenes como para dejar escapar esta oportunidad. Ya nos toca acertar de vez en cuando. Mirar nuestras acciones y verlas como algo que elijo hacer, no como algo que hago por hacer.

Tal vez no me haya atrevido a hacer un gran cambio vital, tal vez sigo con mi pareja, con mi trabajo, con mis mismos amigos en mis mismas rutinas, pero ya no soy el mismo. Que todo siga igual no quiere decir que yo lo viva igual, porque ahora he despertado. Vivo literalmente mi vida y la vida no me vive a mí. Y voy a la playa, o al parque y paseo y veo los árboles, no solo mis pensamientos y la lista de reproches a los demás o a mí mismo. Ahora siento que entiendo a los que me rodean, y me pongo en su lugar. Y escucho mejor, y practico el bien común sin renunciar a nada.

Porque tal vez nos enseñaron de pequeños que no se puede tener todo, y nos lo hemos creído, y a lo mejor no es así, a lo mejor no hay que renunciar a los bienes materiales para ser espiritual, ni dejar tu trabajo para librarte de él, ni renunciar al sexo para sentirte puro, ni decir que no a nada para no sentirte inferior. Se puede vivir desde otro sitio y lo he aprendido de la mejor manera posible. No solo pensándolo sino viviéndolo, que es como nuestro cerebro realmente aprende las cosas.

Me siento despierto, alegre, me siento capaz de todo, quiero vivirlo todo, pero sin prisa. Vislumbro que a lo mejor tengo un universo para mí solo y no me lo quiero perder.

Y ahora puedo enseñar a los demás, desde la generosidad, no desde la necesidad de reconocimiento, ahora puedo compartir mis experiencias y hacer que otros cambien, ahora quiero gritarle al mundo que la perfección existe y hay un camino que me lleva hacia ella. Y aunque el camino nunca acabe, es un camino que me hace más sabio, más inteligente, más compasivo, más consciente, y que una vez que se empieza no hay marcha atrás.

Voy a cruzar el último portal, quiero hacerlo, me siento preparado, tengo la experiencia y las ganas. Apartemos el último velo, veamos que tiene la vida para nosotros.

Porque cuando no tengo miedo de vivir, la vida me enseña, porque cuando decido yo y nadie más todo me beneficia, hasta el sufrimiento y los errores. Porque ya no quiero ni puedo volver a ser quien era.

Y todo esto no solo es bueno para el mundo y para mí, sino que además, joder, me siento de puta madre.

Gabriel Córdoba.

8. Biná

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Día 190: Biná. 

Y ya nos estamos acercando al final del árbol de la vida y de este viaje de aprendizaje. Y llegamos a parte de la copa. Llegamos a Biná, el entendimiento.

No creo que haya casi nadie en el mundo que no se haya visto afectado por los últimos cambios que nos han sacudido a todos, y todo cambio, todo terremoto emocional o laboral nos toca, nos cambia, nos hace evolucionar (que no siempre mejorar).

Toda experiencia vital que nos impacte lleva consigo un aprendizaje, pero no siempre nos hace mejores personas. Leí en un libro de Eduard Punset donde explicaba que la evolución no tiene propósito, que no busca ser mejor, sino solamente sobrevivir. Es decir que o ponemos intención y entendimiento de nuestra parte o nuestro mundo (me refiero a nuestro entorno y a al mundo en general como sociedad) no será mejor cada día. Cualquier tiempo pasado fue peor, que no te engañe la melancolía, pero desde luego, si te lo propones cualquier tiempo que venga será mejor.

Pero para eso hay que pasar por esta fase del entendimiento. No basta saber que he sufrido, debo saber por qué. No es suficiente vivir intensamente un proceso sino lo entendemos. No servirá de nada si no somos capaces de ver qué ha pasado exactamente en nuestras vidas, por qué he pensado tanto en esa persona del pasado, por qué no tanto en ésta del presente, por qué no quiero volver a mi trabajo de antes, qué he descubierto en estas semanas sobre mi mismo que no sabía, o no le había prestado la suficiente atención, etc…

El que no entiende lo que siente, por qué le ha pasado lo que le ha pasado, por qué piensa cómo piensa, está condenado a repetir una y otra vez sus errores y a no evolucionar de forma favorable en la vida. Y uno no puede andar por el mundo sin saber de dónde viene, o a dónde quiere ir.

No es fácil entenderse, separarse de las experiencias de nuestra familia cuando éramos niños, saber diferenciar entre lo que he imitado sin darme cuenta y mi verdadera esencia. De hecho, siempre es recomendable hacer este viaje de autoconocimiento con un profesional titulado. Porque es muy complicado ser objetivo con uno mismo y discernir lo propio de lo adquirido por sociedad, costumbre o manipulación de los que nos rodean.

Y una vez que nos empezamos a entender, somos capaces de entender a los demás, ganamos empatía, juzgamos menos, la realidad cambia porque la percibo de forma diferente, y lo que pasa dentro de mí se manifiesta fuera. No cambia el mundo primero, cambio yo, y el mundo cambia con mi ejemplo. Sé que suena fácil, pero también sé que sabes que no lo es.

A veces creo que el camino del entendimiento no tiene final, que nunca llegaremos a entendernos del todo, a nosotros mismos, o a los demás. A veces siento que es una lucha en la que nunca vamos a ganar, pero oye, siempre es mejor estar en una lucha así que no estar en ninguna. ¿No crees?

Gabriel Córdoba.