Noche de bautizos 2020

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Día 178. Llegan los bautizos 2020.

Cada año, cuando llega enero, llega uno de mis momentos más especiales de mi academia de monólogos; la noche de los bautizos.

Es la gala en la que mis alumnos de primer curso actúan por primera vez acompañados de ex alumnos y alumnos de segundo nivel y en una sala llena de amigos y de un público especialmente cariñoso.

No puedo evitar acordarme de mis comienzos y mi primera vez en el 2003 en aquél concurso de monólogos que gané en Murcia. Ahí empezó todo, y ahora, cuando bajo a mi tierra aún hay gente que se acuerda de haber estado de público. Es algo que se recuerda, que es muy bonito y que formará parte del resto de la vida de mis alumnos.

Serán este sábado y domingo 18 y 19 de enero en La Violeta en tres únicos pases con diferentes alumnos en cada uno de ellos. Una velada única. ¿Quieres venir a disfrutar de la noche y ver a los que mañana serán cómicos de referencia? Piensa que cuando los veas en la televisión podrás decir: “Yo lo vi en su primera actuación”

Puedes reservas tus entradas aquí: RESERVA TU ENTRADA.

¡Corre antes de que se agoten!

Gabriel Córdoba

www.standupacademybcn.com 

El instrumento

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Día 177. El público y el instrumento.

Una vez leí en una entrevista a Nicole Kidman que decía que incluso el trabajo que más te guste del mundo se puede convertir en algo aburrido si olvidas las razones por las que lo haces. Esto es algo más común de lo que parece, y si lo piensas tiene bastante lógica.

A un niño le encanta jugar a la consola, pero si le obligas a jugar sí o sí unas nueve horas al día, es posible que al cuarto día le apetezca hacer otra cosa. Y eso que era lo que más le gustaba del mundo.

Si además unimos eso al hecho de que hay trabajos que te absorben por completo y que llenan tu vida más allá del horario del trabajo, entramos en un problema a la hora de desconectar y no caer en la mecanización de aquello que creías tu vocación y que tanto te gustaba.

Siempre le digo a mis alumnos que si un director de un banco, se cree que es el director del banco de verdad, el día que se jubile no sabrá quién es. Si un artista no sabe parar y ser algo más que eso, el trabajo se come a la persona y cuando tienes que parar, no sabes cómo vivir.

Así que por exceso o por defecto, ser artista, en general, es algo muy complicado de gestionar.

Yo, personalmente, he tenido momentos sin mucho trabajo y me he desesperado (menos mal que a mí no hace falta que me inviten a cenar, soy capaz de hacerme mi propio pan) pero también he tenido momentos de tener mucho trabajo y de repente aburrirme en mitad de una boragine y decirme a mí mismo; no quiero seguir haciendo esto nunca más.

En una de esas épocas de hastío en las que nada tenía sentido y no quería hacer más comedia, ni escribir más libros, ni más teatro, ni dar más clases, recibí un mensaje que me hizo cambiar radicalmente mi visión sobre mi trabajo.

Estaba hablando con una persona que me ha visto actuar muchas veces y me dijo algo así como que no podía dejarlo nunca. Yo en ese momento estaba muy bajo de ánimo y dije que algún día lo dejaría. Esa persona se sorprendió y me contestó que hacía muy feliz a la gente, que inspiraba a muchos, que era un ejemplo de diversidad. Le di las gracias y le confesé que estaba un poco cansado después de estar escribiendo y actuando desde los 14 (ahora voy camino de los 42). Y ahí vino la revelación, el punto de vista que me chocó; me dijo que mi trabajo no eran los monólogos, ni escribir libros, ni dar clases, mi trabajo es hacer que la gente se sintiera como se siente cuando me ven actuar, me leen o reciben mis clases, que todas esas disciplinas no eran mi trabajo, solo eran los instrumentos. O sea, que escribir chistes no es la finalidad, sino que la gente sea feliz al escucharlos, y que puedo cambiar de instrumento cuando quiera, pero no de trabajo.

Así que cada vez que me aburro, me asfixio y no tengo fuerza para seguir, pienso que lo que hago por sí mismo no tiene sentido, a no ser que alguien lo escuche, lo lea y no se quede indiferente. Ese es mi trabajo, como el de cualquier artista, ser una herramienta humildemente transformadora.

Gabriel Córdoba. 

Así se plantea mi 2020

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Día 176: 2020. Qué bonito eres.

Una de las razones por las que tenía muchas ganas de acabar el 2019 es para poder empezar el 2020.

Hace unos meses leí en una entrevista a Michelle Pfeiffer que se sentía una persona mucho más centrada cuando trabajaba y que iba a ser su refugio en estos años en los que sus hijos ya habían dejado de vivir con ella y viviría el síndrome del nido vacío.

Me pasa exactamente lo mismo. Cuando trabajo demasiado me agobio y sueño con las vacaciones, pero en el tiempo libre no sé muy bien quién soy y necesito algo artístico que me ayude a canalizar mis emociones y darle cierto sentido a mi vida.

Y lo del sentido no es hablar por hablar, de verdad es complicado tenerlo cuando estás soltero, no tienes hijos, no crees en ninguna religión y solo vives para ti mismo y construir un futuro que sea tranquilo para ti. Un hijo, un amor y un dios es algo mucho más grande que tú y un motor brutal para levantarte por la mañana. Cuesta mucho más hacerlo si solo te levantas para ti mismo, y el trabajo me ayuda muchísimo en ese sentido. Contribuir al mundo en forma de arte.

Pinta muy bien porque estoy trabajando muy duro.

En enero tendré las galas de bautizos, un nuevo intensivo, el comienzo del curso semestral y la presentación por octavo año consecutivo del maratón benéfico “Lo comido x lo reído” en Badalona frente a 400 personas.

En febrero, si todo va bien, se estrena la primera producción profesional como academia.

En marzo, concretamente el 28, vuelvo al teatro, no puedo decir nada más. Nueva obra, textos increíbles, maravillosa directora, maravillosa sala.

Abril comienzo del curso trimestral.

Y en algún momento de los próximos doce meses, mi nuevo libro de comedia, una nueva formación que no irá dirigida solo a futuros cómicos y un nuevo show de stand up que espero estrenar antes de fin de año.

Porque al fin y al cabo, estoy hablando de la ilusión y de la responsabilidad. Y de amar tu rutina y convertirla en emocionante y liberadora y todo un reto, si puede ser.

2020. Espero mucho de ti, mi agenda lo deja claro. Este año toca subir al firmamento (metafóricamente, no estoy llamando a la muerte, no me jodas). Los números están a favor, las perspectivas también, y las ganas de reinventarme aún más.

Año nuevo, déjame experimentar un poco, cambiar muchas cosas, relacionarme conmigo mismo de forma más sana e inspirar a los que me vean, me conozcan y tenga el placer de conocer. A cambio te prometo dar lo mejor de mí, ayudar a los míos y devolver en amor todo lo que me des. Suena místico, irreal y mágico, pero bueno, al menos, dar amor en forma de arte, formaciones y escrituras me parecen muy buenos propósitos de año nuevo ¿no?

Mi vida vuelve a tener sentido.

El universo me acompaña, al menos en forma de agenda.

Gabriel Córdoba. 

Fin del año, por fin

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Día 175: Arde 2019, arde ya.

¡Por fin se acaba el año! Sí, no puedo más con el 2019. Que vale que he tenido cosas buenas, pero ha sido tan duro y tan poco compensado que no sé casi ni como definirlo.

La tristeza y la ansiedad han tenido tanta presencia que no he podido descansar ni cuando me lo permitía y los altibajos emocionales han sido el pan de cada día.

Pero se acaba el año y toca hacer balance y reflexión. Pues venga, vamos a ello.

Enero guay, febrero guay, marzo bien pero empieza el estrés, abril horrible, mayo ni te cuento pero tirando, junio fatal de la muerte, julio cierto alivio, agosto el peor de todos, septiembre brotes verdes, octubre demasiado liado para valorar ni si voy depilado, noviembre a ratos y diciembre muy bueno a nivel emocional menos los últimos días, de curro regulero.

Nuevo record de alumnos en mi academia de monólogos (Stand Up Academy Barcelona), el re-estreno de mi show SUPERSTAR durante cuatro meses en un teatro, mi primera exhibición como fotógrafo, la aparición en un capítulo de “Merlí. Sapere aude”. Fin de mi año laboral.

El caos ha sido el dueño de mi año, el descontrol y el darme cuenta de que, a veces, soy incapaz de dejarme llevar por los cambios suavemente sin aferrarme a nada, porque a nada puedes aferrarte excepto a ti mismo. Tengo que aprender que el clavo ardiendo soy yo.

Y que ni tan mal, que hay gente peor que yo y todo eso, pero aún sabiendo que el dolor de mi muela no es nada comparado con el dolor del mundo, es mi muela y me duele. Así que me aferro al trabajo y a crecer, y a nuevos retos autoimpuestos para el 2020, y poder transformar toda esta mierda de año en algo positivo, que el viento parece que volverá a soplar a favor, que la vida me está llevando a nuevos caminos y reforzando los que ya he explorado, que las señales me hablan de éxito, felicidad y amor (no romántico, pero el amor tiene muchas formas). Que la esperanza es el alimento del alma cuando no hay belleza en el exterior.

Voy a cambiar el suspiro por la respiración consciente, el aire que me falta por oxígeno para mi cabeza, el cariño que me falta por el cariño que soy capaz de dar. Que tantos años de yoga me sirvan para algo.

La ausencia y el silencio también son unos maestros de la vida.

Pues a vivir, que no todo será bonito, pero al menos, voy a intentar que todo sea real y auténticamente mío.

Espero que sigas ahí para acompañarme.

Gabriel Córdoba. 

Comedia para ayudar

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Día 174. Comedia para ayudar.

Y un año más, mi academia de monólogos, Stand Up Academy Barcelona, organiza su habitual maratón benéfico.

Por cuarto año consecutivo será en La Violeta de gracia y tendrá lugar el sábado 21 de diciembre a las 21:00. En la calle Maspons 6.

En esta ocasión todo lo recaudado será destinado a la investigación de la glucogenosis 1B.

Contaremos con la presencia y las actuaciones de muchos de los alumnos de la academia, capitaneada por mí. Comedia gratis para todos los públicos, lo pasaremos genial y además vamos a contribuir a una buena causa.

La entrada será libre y con taquilla inversa. ¡No puedes faltar!

Gabriel Córdoba

Stand Up Academy Barcelona

 

41

VELAS TRISTES
Día 173. 41 años.

Llevo varios días pensando en la entrada de este blog porque no puedo quitarme de la cabeza la del año pasado y en cómo me ha cambiado la vida en algunos aspectos.

Pero más que entrar en detalles personales o profesionales (lo único destacable en esto último, aparte de seguir dirigiendo mi academia, es que SUPERSTAR estuvo cuatro meses en un teatro, he aparecido en un capítulo de “Merlí. Sapere Aude” para Movistar + y he expuesto por primera vez como fotógrafo) la verdad que prefiero centrarme en otra cosa que he aprendido este año.

El cansancio.

Cuando la academia en la que trabajaba saltó por lo aires y me quedé en el paro de golpe hace unos años tuve un ataque de ansiedad que a día de hoy sigo sin saber muy bien como gestionar. Pero el caso es que me vino genial, porque en poco más de tres años y desde justo el mismo día que cerró ese centro estrené “Vidas prestadas” (mi obra más personal), monté mi propia academia, publiqué dos libros con la editorial “Redbook” para aprender a hacer stand up, grabé mi charla TED, hice dos temporadas de “Conflictos y Sinflictos” en la sala Almazen, “SUPERSTAR” para el teatro del raval y “Comediantes. El show” para el Teatre Regina. No hubo descanso en esos tres años hasta mayo del 2018 que, como ya narré en la entrada a mi blog de mi cumpleaños del año pasado, comenzó mi anno horribilis que acabó más o menos este mes de agosto.

Y te lo vas echando todo a la espalda, y trabajas, e intentas sobrevivir, y el duelo lo haces a ratos, y echas de menos, y es el primer año en mucho tiempo que no tengo ese beso de feliz cumpleaños que me falta tanto hoy… y sigues, porque no tienes otra, pero el cansancio te va minando.

Salir, conocer, reír, andar y tener amigos es una terapia maravillosa, pero no es la cura. Te hace sentir mejor, como una droga, pero el cansancio sigue estando ahí esperando a que te quedes solo o sin trabajo. Entonces buscas algo que mantenga tu mente ocupada y crees que todo mejora, pero vuelve y nada le pone punto y aparte.

Te levantas viviendo sin vida, lleno de cosas y vacío hasta que no te paras y reconoces que estás jodido.

El año pasado cerraba los ojos muy fuerte y me aferraba en mitad de la tormenta de cambios que sufría para atesorar ese momento de felicidad que era estrenar piso en buena compañía y tener trabajo mas allá de las complicaciones. Era el comienzo de mi segundo acto que está resultando caótico, pero ¿no son siempre así los nudos de las obras griegas? Este vuelvo a cerrarlos y me miro a mí. No a lo que he conseguido, ni a lo que me rodea para estar agradecido (que hay mucho).

Esta vez me miro a mí en mi absoluta soledad y veo que el diablo no es tan mala gente si al fin y al cabo ha venido a enseñarte algo.

Respiro profundo, me hago amigo del tormento y aprendo y sueño la vida que quiero tener. No soy el niño que sufría en Murcia ni el adulto que creía tenerlo todo hace dos años. Ni siquiera sé quién soy ahora, porque no quiero ser quien fui ni quien soy, quiero ser el que seré.

Soy dolor, y alegría, y risa, y soledad. Pero también soy hacia dónde voy. Mis proyectos, mis sueños y el proceso de acercarme cada vez más a la persona que siempre imaginé que sería hoy, que cumplo 41 años.

Estoy sereno, me invade, mientras escribo esto, una extraña paz. Esto también es felicidad. No como la imaginaba (tal vez la confundo con la alegría) pero aquí está.

Sigo vivo, sigo trabajando. Y la sensación de que lo mejor está por llegar aún respira justo al lado de mi corazón. Tengo esperanza incluso aunque eche de menos.

Estoy cansado porque la vida es cruel, dura, impredecible, pero también es música, y abrazos, y risas, y pinturas, y fotos, y amigos y teatro y gente por conocer y amor, ahora entiendo que la vida es sobre todo, amor.

Gabriel Córdoba. 

 

 

5 consejos antes de subirte al escenario

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Día 172. Hablar en público.

Hace unas semanas escribía en este mismo blog una entrada sobre lo que tienes que pensar antes de salir al escenario y que no se puede actuar “con el abrigo puesto”. Ha sido una de las entradas más visitadas de este año y he decidido ampliar mis consejos para que los nervios no te traicionen antes de subir a un escenario. Estos consejos son aplicables también a profesores, conferenciantes o cualquiera que deba hablar en público y lo pase mal.

A continuación te enumero los cinco consejos para que los pongas en práctica antes de subirte  a un escenario:

1. Piensa “no soy la estrella de la noche, soy uno más del público que ha venido a pasárselo bien”. Subir desde la pretensión de ser especial (aunque sin duda lo eres) te posiciona por encima de los mortales que vienen a verte, y la comunicación no es directa de tú a tú, sino más bien alguien que habla hacia abajo (como si les hicieras un favor) y genera en el público muy poca empatía. Vienen a reírse de la forma más humana y directa que puedan. Eres uno más. Misma frecuencia = conexión más rápida.

2. Antes de subir no repases el texto. No sirve de nada, solo para estar más inseguro y además desconectas del ambiente de la sala y sales al escenario completamente fuera de órbita. Como cuando estudiábamos en un examen, antes de entrar repasar no servía de nada, porque sino te lo sabías ya, no ibas a aprenderlo en cinco minutos. Eso sí, si necesitas repasar el texto el día de la actuación, algo no has hecho bien en el proceso de ensayo, porque a esas alturas debería estar más que sabido. Uno no puede brillar y pasárselo bien sino está seguro de que se sabe el texto.

3. Disfruta del show. Si no actúas solo (que al principio es lo normal en un micro abierto o en algún concurso) seguramente tendrás un presentador o MC (master of ceremonies) que calentará al público y explicará de qué va la noche. Esos minutos, aunque salgas el primero, te deberían servir para escucharlo, reírte y aplaudir como uno más. Te ayudará a conectar con la energía de la sala y al subir ya tendrás casi todo el trabajo hecho en cuestión de actitud. No hay mejor cómico que el que se lo está pasando bien desde que llegó a la sala, y eso se contagia con el resto del mundo.

4. Elige bien la ropa. Puede sonar muy superficial, pero en realidad la ropa que te pongas es muy importante. Algunos cómicos o cómicas deciden disfrazarse para ser mas coherente con su discurso, o se visten como si fuera nochevieja y quieren estar guapos. Pues eso, lo siento, pero no es stand up, es teatro. La ley más fácil para saber qué ponerse es la de vestir como te vestirías para acudir como publico. Si fueras a un bar de un barrio bohemio un domingo a las seis de la tarde, ¿qué te pondrías? Ahí tienes tu respuesta.

5. Respira profundo y come chocolate. La ansiedad, el miedo, los nervios y demás están conectados siempre con la respiración. Vienen de una parte del cerebro que no atiende a razones, de la misma parte que le dice al corazón que lata, al estómago que haga la digestión, que tengas una erección o que lubriques y que le dice a tus pulmones que respiren. Todo de forma automática. De todas esas funciones, la única que se puede más o menos controlar es la respiración, y eso ayuda mucho en momentos de tensión. (Los yoguis saben a qué me refiero) Así que al igual que el miedo o los nervios aceleran mi respiración, una respiración consciente y pausada puede eliminar mis ansiedades. Así que dale oxígeno a tus pulmones y a tu cerebro. Y si además, esos nervios o tu vida diaria no te deja estar al 100% esa noche, come chocolate. El azúcar es la gasolina del cerebro, te hace más rápido, más energético y eso influye en tu seguridad y en lo que desprendes.

Gabriel Córdoba

Stand Up Academy Barcelona